
J. Plou

J. Plou

En Penitence, bajo el sol ardiente,
llega una historia de emoción,
un matrimonio rico y muy besucón,
protege su fortuna con pasión.
Jorge y Laura, entre abrazos y besos,
traen el dinero con gran ilusión;
su amor parece blindar sus ingresos,
más que cualquier fuerte protección.
Jep, sheriff de noble apariencia,
vigila el tesoro con responsabilidad,
aunque algo cobarde, cuando hay peligro,
prefiere atribuirse la heroicidad.
¡La victoria fue mía!, orgulloso se proclama,
mientras mira de reojo la situación;
pero todos saben que, al final de la trama,
otro merece la ovación.
Llegan los hermanos Mórgan, decididos,
con ambición y malicia sin igual;
quieren llevarse el dinero del banco,
pero encuentran un obstáculo fatal.
El ayudante del sheriff, firme y valiente,
se enfrenta a los ladrones sin temor;
impide el robo, salva la fortuna
y demuestra quién merece el honor.
Jorge, Laura y el ayudante brillan
como estrellas en la gran aventura;
tres actores extraordinarios
que llenan Portaventura de emoción y bravura.
Y aunque Jep cuente la hazaña a su manera,
la verdad resuena con claridad:
el amor, el valor y la lealtad
son los héroes de esta historia sin igual.
J. Plou

En el ojo invisible que todo ve,
cámaras vigilan sin cesar,
lectores de matrículas sin detener,
drones en vuelo, listos para actuar.
Satélites que desde el cielo alumbran,
que localizan todo movimiento,
que las inteligencias no sucumban
mandando datos al momento.
No es historia lejana ni ficción,
es la era que hoy nos abraza,
la vigilancia en constante misión,
presente en cada paso, en cada plaza.
Entre luces y redes, somos señal,
huellas digitales que quieren atrapar,
¿libertad o control? Dilema actual,
en este mundo que empieza a vigilar.
J. Plou

Podéis llamarlo *desastre natural*
todas las veces que queráis,
ponerle nombres de tormenta,
de azar, de fuerza inesperada.
Pero cuando los glaciares
pierden su lengua de hielo,
cuando el terreno se desestabiliza
y las montañas comienzan a venirse abajo,
la naturaleza no improvisa:
responde.
Responde al aire que calentamos,
a los mares que suben en silencio,
a los bosques que arden
bajo un cielo cada vez más enfermo.
El cambio climático
no necesita permiso
para entrar en escena.
No espera aplausos
ni discursos preparados.
Ya está aquí,
en la grieta que se abre,
en el río que desborda,
en la casa que desaparece,
en el nombre que queda
sin respuesta.
Podéis llamarlo *desastre natural*,
pero no olvidéis la verdad:
la naturaleza no es culpable
de devolvernos
lo que le hemos hecho.
Y mientras el hielo se retira
y la montaña pierde el equilibrio,
el planeta nos habla,
cada vez más alto.
Ya está aquí,
cobrando vidas.

De agua clara son los ríos,
que bajan a nuestra orilla con tus besos.
De agua clara, amor, son esos
sueños tuyos y también míos.
Cuando me miras son, de agua pura,
como la luz y el aire más brillantes
y tus ojos amantes,
cuando te beso a oscuras.
Era claridad me encanta,
tu amor y tu alegría.
Cuando me trae tu risa cada día
de agua clara es tu garganta.
De claro amor es el sonido
del tiempo cuando pasa,
poniendo en la ternura de la casa
un eco estremecido.
Agua caliente eres. si tu cara brilla,
disfrutando de la aurora.
Fundido irá siempre, como ahora,
el río del amor, en nuestras orilla.
J. Plou

J. Plou

Cuando el miedo aprieta y tiembla el suelo,
y en la noche oscura la tierra grita,
miramos al cielo para que no repita,
buscando en las estrellas un consuelo.
El corazón se agita en duelo,
la tragedia llega y todo limita,
las manos vacías, la esperanza marchita,
el alma temblorosa sueña con anhelo.
Más en esa mirada hacia lo alto,
surge una luz tenue y serena,
que calma el temor y el quebranto.
Y aunque la tormenta parezca ajena,
el espíritu firme hace su salto,
renace fuerte en plena escena.
J. Plou

En casa antigua, calma y soledad,
donde el agua canta su melodía,
una fuente pura en cascada bravía,
paz que al alma brinda serenidad.
Al centro del patio, en claridad,
árboles juntan sus copas en armonía,
protegiendo sueños, suave fantasía,
del sol y viento, tierna amistad.
Solo aves vienen a mi retiro,
con vuelo libre y canto sincero,
llenan el aire de dulce suspiro.
Su simpleza alivia el alma en enero,
disipa rencor, acalla el martirio,
refrigerando el patio entero.
J. Plou

J. Plou