
Fuera de los muros se levanta mi tienda,
bajo un viento que sopla y el rostro desnudó,
mientras hablo una lengua que en otra parte aprenda
este pecho herido que al silencio se entregó.
Es blanca mi bandera, perpetuo mi estandarte,
frente a una nostalgia caprichosa y tan vasta;
mi amor es ingenuo, mas no puedo entregarte
sino una fidelidad irónica que desgasta.
Mis manos son graves, cargadas de un rumor,
un incesante eco de densos pensamientos;
mi palabra está lastrada en el desierto, sin valor,
y mi porvenir no tiene nombre ni acentos.
Me queda una memoria deslumbrada y perdida,
entregada a este amor incurable del olvido;
así transcurre el viaje de mi sombra herida,
entre lo que he dejado y lo que no he tenido.
J. Plou








