
Paro un momento... veo la sombra
sobre el llano que avanza aprisa
Y se agrupan como en una alfombra
las nubes de la noche con la brisa.
Paro un momento... ¡Centellea
La tempestad que se alza a mi paso!
¡La culebra del relámpago chispea
sobre el lúgubre fondo del ocaso!
Y rodando mil nubes agrupadas,
Empujan a otras de soslayo,
rasgan su seno, y airadas,
arrojan a la tierra el rayo.
Los relámpagos rápidos, vibrantes,
Difundidos en ráfagas violentas.
Parecen las miradas centelleantes
del dios Thor de las tormentas.
Siento el pecho, palpitante;
Entreabro la boca... ¡doy un grito!
¡Lo prolonga el eco al instante!
¡Lo contesta tronando el infinito!
¡Dadme la tormenta así! ¡Súbito el rayo
Centellee en mi frente y zumbe luego!
La tempestad no es sueño, no es desmayo:
¡Es vida, es trueno, es luz, es fuego!
J. Plou





