
J. Plou

J. Plou

Cuando el miedo aprieta y tiembla el suelo,
y en la noche oscura la tierra grita,
miramos al cielo para que no repita,
buscando en las estrellas un consuelo.
El corazón se agita en duelo,
la tragedia llega y todo limita,
las manos vacías, la esperanza marchita,
el alma temblorosa sueña con anhelo.
Más en esa mirada hacia lo alto,
surge una luz tenue y serena,
que calma el temor y el quebranto.
Y aunque la tormenta parezca ajena,
el espíritu firme hace su salto,
renace fuerte en plena escena.
J. Plou

En casa antigua, calma y soledad,
donde el agua canta su melodía,
una fuente pura en cascada bravía,
paz que al alma brinda serenidad.
Al centro del patio, en claridad,
árboles juntan sus copas en armonía,
protegiendo sueños, suave fantasía,
del sol y viento, tierna amistad.
Solo aves vienen a mi retiro,
con vuelo libre y canto sincero,
llenan el aire de dulce suspiro.
Su simpleza alivia el alma en enero,
disipa rencor, acalla el martirio,
refrigerando el patio entero.
J. Plou

J. Plou

En tierras de olivo y arena dorada,
donde el sol besa la antigua alborada,
vive un pueblo con alma marcada,
por la sombra cruel de una historia callada.
Palestina, madre de sueños y dolor,
tu canto resuena en cada rincón,
pero la injusticia, con frío ardor,
arrastra tu espíritu, roba tu canción.
Mueren los niños bajo cielos de fuego,
y el mundo observa sin levantar su juego,
mientras se pisotea el sagrado apego
de un pueblo que lucha, firme y sin ruego.
Muros que dividen la esperanza y la paz,
fronteras de odio que no quieren más,
pero la semilla de libertad tenaz,
germina en el alma, jamás se dejará.
Por cada lágrima, por cada hermano,
por la justicia que clama el llano,
que florezca algún día el mismo verano
donde reine el amor sobre este suelo humano.
Que cese la opresión, que vuelva la verdad,
que el pueblo palestino encuentre dignidad,
porque en la justicia está la humanidad,
y en la libertad, nuestra igualdad.
J. Plou

J. Plou
J. Plou

En la edad madura, el amor se posa,
como río tranquilo que en calma reposa.
No es fuego impetuoso ni llama voraz,
es un susurro dulce que nunca se va.
Ya no hay prisa loca ni tormenta errante,
solo un abrazo firme, tierno y constante.
Los años han tejido su manto dorado,
y en cada arruga un recuerdo amado.
El romanticismo en esta etapa serena,
es paz compartida, es luz que no quema.
Es mirar a los ojos con profunda verdad,
es amar sin miedo, con sinceridad.
No busca el esplendor, ni olas de pasión,
es un jardín cultivado con dedicación.
En la edad madura, el amor es canción,
que entona el alma con suave emoción.
J. Plou

J. Plou

¡Con la dicha de amor!
J. Plou