
No es secreto el calor, es un retiro
de sofocante penumbra compartida.
Ondea la penumbra. No hay suspiro
flotante. Lo mejor soñado es vida.
El vaivén de un silencio luminoso
entra entre las persianas una fibra
palpitante. enemiga del reposo:
un ardor en el ambiente vibra.
En la sombra inmóvil, la almohada,
absorbe los sudores del verano,
de cuya blancura no queda nada,
se convierte en puro olor humano.
Hay tanta plenitud en esta hora,
tranquila recordando el pasado,
que el instante se demora,
lentísimo, cortés, enamorado.
Luz nada más. He ahí los amantes.
Una armonía de lagos y ríos,
amaneciendo en lejanos levantes,
vuelven inocentes de sus amoríos.
¿Es el amor quien tanto arrebata,
o en la terrible alegría se anega
todo el impulso estival se desata,
la furia del mar, con una ola ciega?
Retozando se afanan las bocas,
implacables a fuerza de ruego.
(Risas de Julio, por entre las rocas,
turban el límpido azul con su juego.)
Yace en los brazos un ansia agresiva,
calladamente resiste el acorde.
(¡Cuánto silencio de mar allá arriba!
No hay fragor que a sus oídos asorde.)
Y se abrazan los dos violentos
con el amor que los encadena.
El regocijo de los elementos
torna y retorna a la última arena.
Alrededor se consume el verano.
En un anillo de la tarde amarilla.
Sin una nube desciende el cercano
cielo a este calor ¡Sobrehumano!
J.Plou








