
La escarcha se alzaba hacia la noche
sobre las hojas blancas
y en el patio era la nieve,
la que iluminaba la oscuridad.
En la calle dolían las manos
hinchadas de frío,
ese frío calaba hasta los huesos.
El aliento volaba alto,
aferrándose al cielo húmedo;
con el viento saltaban lágrimas,
así pasábamos el crudo invierno.
El hielo nos hacía temblar
desde la mañana.
Las gotas de escarcha,
encontraron su destino,
un suelo inmóvil, cubierto
de piedras ásperas,
entre aguas espolvoreadas de
hojas blancas…
J. Plou
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