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Pasé por charcos de barro,
crucé un centenar de granjas.
He dibujado rosas,
en crestas y senderos.
He dejado huellas en la nieve,
en prados verdes.
He cruzado ríos
y cielos tempestuosos,
me he liberado de las ataduras,
de mis pensamientos.
Al final, llega el dolor,
la felicidad o el calor
de las personas que te dejan solo
o que te acarician.
He aguantado el viento,
de esta tierra junto al mar,
que tengo en mis pensamientos
y en mi alma marchita.
Pero una flor cuando se corta.
al instante otra crece,
fortaleciendo sus raíces,
y floreceriendo de nuevo...
en la palma de mis manos.
J. Plou

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