
J. Plou

J. Plou

Esta mañana observo el movimiento
de las hojas,
los primeros rostros que marchan
al trabajo;
miro lo impreciso de cuanto existe ajeno
y nos rodea,
y a su manera nos define como
ajenos también.
Tan sólo el ocio frágil de la
imaginación,
puede asociar un día tantos datos
dispersos
y construir, sobre el caótico montón
de residuos,
un simulacro de saber.
Me cegó el énfasis soberbio de inventar
historias,
de otorgar sentido a todo. No supe ver
sino la luz,
o, cuanto más, lo iluminado.
Nunca me detuve a sentir o ver
en tus ojos,
tu cotidiana sensación de estar,
que nada recibes y lo das todo,
como un don.
Somos uno tuvimos piedad
de nuestros pájaros,
del solitario pato, del jardín
deshabitado.
El día viene ahora hasta nosotros como
presencia sólida,
y el aire que me azota dice que en el silencio
oscuro de mis pasos,
hoy caminamos los dos,
apoyándome en ti.
J. Plou

Hoy vengo a visitarte, querido mar,
alejándome de los calurosos días,
para contemplarte con el ojo humano.
Me acerco con pisada tenebrosa,
al principio de tu ser, a las raíces
donde alborea, la arena oscura,
la caricia primera de la tierra.
A visitarte vengo, querido mar,
en esta tarde infernal y lúcida
mientras la luna, desde arriba, arroja
sobre las cabezas una luz calcárea
y en la línea del horizonte hiere
su duro, lento y solitario ocaso.
Querido mar. Desde hace siglos palpita
tu blando corazón contra las rocas,
que ante tu orilla, la espuma siempre,
se baña mansamente o se derrumba,
fingiendo que es fango, donde solo existen
márgenes de ira para tus entrañas.
A ti, acudo, mar, en esta hora
porque el sonido de tu voz me llama
y en el fondo de mis entrañas siento,
removerse tu agua clamorosa.
Quieta y muda, la tierra, duramente
forma diques a tu invasora forma
que modifica los límites de los pueblos.
J. Plou

No es secreto el calor, es un retiro
de sofocante penumbra compartida.
Ondea la penumbra. No hay suspiro
flotante. Lo mejor soñado es vida.
El vaivén de un silencio luminoso
entra entre las persianas una fibra
palpitante. enemiga del reposo:
un ardor en el ambiente vibra.
En la sombra inmóvil, la almohada,
absorbe los sudores del verano,
de cuya blancura no queda nada,
se convierte en puro olor humano.
Hay tanta plenitud en esta hora,
tranquila recordando el pasado,
que el instante se demora,
lentísimo, cortés, enamorado.
Luz nada más. He ahí los amantes.
Una armonía de lagos y ríos,
amaneciendo en lejanos levantes,
vuelven inocentes de sus amoríos.
¿Es el amor quien tanto arrebata,
o en la terrible alegría se anega
todo el impulso estival se desata,
la furia del mar, con una ola ciega?
Retozando se afanan las bocas,
implacables a fuerza de ruego.
(Risas de Julio, por entre las rocas,
turban el límpido azul con su juego.)
Yace en los brazos un ansia agresiva,
calladamente resiste el acorde.
(¡Cuánto silencio de mar allá arriba!
No hay fragor que a sus oídos asorde.)
Y se abrazan los dos violentos
con el amor que los encadena.
El regocijo de los elementos
torna y retorna a la última arena.
Alrededor se consume el verano.
En un anillo de la tarde amarilla.
Sin una nube desciende el cercano
cielo a este calor ¡Sobrehumano!
J.Plou

En el patio donde al sol solían jugar,
quedó un eco suspendido, sin supervivientes.
La campana de la escuela ya no va a sonar,
porque el aula se vistió de horror y muertes.
Michael tenía el futuro escrito en la mirada,
un cuaderno de mapas por descubrir,
pero un misil con su luz maldita y armada,
que el libro de su vida no dejó concluir.
J. Plou
Ojalá lloviera y la mugre
de los rincones fuera arrastrada,
que las mentes opacas de la ignorancia,
acabaran por reciclarse.
Ojalá lloviera y una riada
se llevara odios envidias
y palabras venenosas al pantano;
que no nos dejara, al esparcirse,
más que migas y costrones hirientes.
¿Pero porque no llueve?
Con los salmos que entonamos,
me agarro aún más y me duele,
se me producen dolores de rabia
en todas las articulaciones.
J. Plou

J. Plou

Hoy siento que soy el dueño,
de mi vida y de mi risa,
mis pasos no tienen prisa
puedo llegar si me empeño.
Recojo amigos por el camino,
son ellos los que tienen,
mi respeto y lo entienden,
¿este es acaso mi destino?
El prejuicio no es mi estilo
a nadie me gusta juzgar,
prefiero más bien callar,
en mi mente no lo asimilo.
Yo se que muchos pensarán
que un ego hay escondido,
sentimiento que he aprendido
y algunos lo entenderán.
Hoy siento que soy el dueño,
como el mar de su playa,
donde quiera que yo vaya
llegaré con entereza y empeño.
J. Plou
DETALLES DE LA ILUSTRACIÓN
El Faro: Representa la guía de la vida, el "empeño" y el destino del que habla el poema.
Las Personas: Simbolizan a los amigos que se recogen en el camino y el respeto mutuo.
La Tumba y el Ojo: Ilustran el concepto de no juzgar y el prejuicio, mostrando cómo el juicio se desvanece frente a la realidad.
El Océano y el Faro: Evocan la metáfora final del mar y la playa, representando la seguridad de ser dueño de tu propio destino.

Miremos las ciudades de ahora:
Llenas de mugre alimentaria,
con supermercados de la usura,
calles con sus gases y vapores,
¿Todas las ciudades pueden respirar este clima?
edificios con jardines de plástico,
estadios con cantos ofensivos,
los templos que el clero los alquila
a treinta monedas el metro cuadrado.
¿Las ciudades que llenan sus calles
con sus autobuses balbuceantes,
sus parques entre basura,
sus muros y estatuas llenos de grafitis?
J. Plou

Fuera de los muros se levanta mi tienda,
bajo un viento que sopla y el rostro desnudó,
mientras hablo una lengua que en otra parte aprenda
este pecho herido que al silencio se entregó.
Es blanca mi bandera, perpetuo mi estandarte,
frente a una nostalgia caprichosa y tan vasta;
mi amor es ingenuo, mas no puedo entregarte
sino una fidelidad irónica que desgasta.
Mis manos son graves, cargadas de un rumor,
un incesante eco de densos pensamientos;
mi palabra está lastrada en el desierto, sin valor,
y mi porvenir no tiene nombre ni acentos.
Me queda una memoria deslumbrada y perdida,
entregada a este amor incurable del olvido;
así transcurre el viaje de mi sombra herida,
entre lo que he dejado y lo que no he tenido.
J. Plou