
J. Plou

J. Plou

Me abandono al júbilo desierto
de existir, por el dolor iluminado;
surgen noches de estío del pasado,
fantasmas del ayer que no he resuelto.
Mas grito con rabia por el olvido,
un sentimiento que tiembla en la memoria,
ocultando el tiempo ya vivido.
Y hoy, esos recuerdos en verdad,
están al borde mismo del vacío
y la memoria quebrada por la edad.
J. Plou

La escarcha se alzaba hacia la noche
sobre las hojas blancas
y en el patio era la nieve,
la que iluminaba la oscuridad.
En la calle dolían las manos
hinchadas de frío,
ese frío calaba hasta los huesos.
El aliento volaba alto,
aferrándose al cielo húmedo;
con el viento saltaban lágrimas,
así pasábamos el crudo invierno.
El hielo nos hacía temblar
desde la mañana.
Las gotas de escarcha,
encontraron su destino,
un suelo inmóvil, cubierto
de piedras ásperas,
entre aguas espolvoreadas de
hojas blancas…
J. Plou
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Pasé por charcos de barro,
crucé un centenar de granjas.
He dibujado rosas,
en crestas y senderos.
He dejado huellas en la nieve,
en prados verdes.
He cruzado ríos
y cielos tempestuosos,
me he liberado de las ataduras,
de mis pensamientos.
Al final, llega el dolor,
la felicidad o el calor
de las personas que te dejan solo
o que te acarician.
He aguantado el viento,
de esta tierra junto al mar,
que tengo en mis pensamientos
y en mi alma marchita.
Pero una flor cuando se corta.
al instante otra crece,
fortaleciendo sus raíces,
y floreceriendo de nuevo...
en la palma de mis manos.
J. Plou
Está quieto el jardín soportando la tarde
de un enero que se anuncia ventoso;
tan fugaz que parece diciembre.
Penetrado de noche en pinos y acacias,
Opalino a lo lejos en la frente del cielo.
El jardín se estremece por dentro.
Entre ramas secas y hojas podridas,
dormitan escarabajos, escorpiones, lagartos.
Un gato montés acecha a una mariposa
De repente desciende una invisible neblina
y posa su penumbra en el arbolado,
acariciando el nudo de nuestros cuerpos,
con la misma lentísima dulzura,
con que yo sin fuerza y con miedo,
beso tu cuello y tus blancas mejillas.
Está el jardín oloroso a sudor masculino,
a saliva de besos profundos que anhelan,
desatar el torrente del deseo en un clímax
y que fluyan las savias y descansen los cuerpos.
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J. Plou
Todos los poemas de amor, son, absurdos.
No serían poemas de amor si no fueran, absurdos.
También yo escribí poemas de amor, absurdos.
Los poemas, si hay amor, tienen que ser, absurdos.
Pero, quienes no escribieron nunca poemas de amor,son absurdos.
¡Ojalá pudiera regresar al tiempo en que escribía,
sin darme cuenta de ello, poemas de amor absurdos!
La verdad es que hoy mis poemas de amor son absurdos.
Todas las palabras esdrújulas y también las emociones
esdrújulas son naturalmente absurdas.
No tiro los poemas de amor, ellos no me abandonarán.
Pasará el tiempo, se borrarán de mi memoria,
las bellas y sensuales palabras, se ocultarán en mi,
en el fondo de un espejo.
Caerán los años. Me cansarán los libros.
Descenderé aún más e, incluso, perderé la poesía.
El ruido de la ciudad en los cristales,
acabará por ser mi única música
y los poemas de amor que habré guardado,
serán mi última literatura.

A tu lado he aprendido lo que es el amor,
que el dolor puede ser ligero cuando alguien cree en ti.
Antes muchas cosas me parecían imposibles,
hasta que llegaste tu y lo imposible, fue más fácil,
tu no cambiaste, me cambiaste a mi,
ahora me siento más maduro.
Has sufrido mucho, lo se, pero elegiste seguir sonriendo,
en ti hay una bondad, que hace sentirse bien a los demás.
Eres madre, esposa y abuela dulce.
Yo a tu lado estoy dispuesto a aprender,
porque estar contigo eleva el alma.

Sentado en nube blanca y silenciosa,
con rostro de muñeco y dulce mirar,
vigilo el cielo, aprendo a soñar
mientras la luz me envuelve, generosa.
No pesa el tiempo en mi figura hermosa,
ni duele el mundo al verlo reposar;
mis manos guardan paz, saben amar
como un recuerdo fiel que no se agota.
Bajo un arco de sueños y colores
sonrío al alma que me está mirando,
regalo calma, fe, pequeños soles.
Así, en lo alto, queda eternizando
la simple dicha, lejos de temores:
un corazón de niño, siempre soñando.