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A ti, dulce y divina Poesía,
Con el más vivo embeleso,
te abrazo con ardiente idolatría,
soñando recibir tu augusto beso.
Hoy que al ocaso, mi alma despierta,
mi amor no declina,
Y con la luz crepuscular, incierta,
mi corazón se ilumina;
Y al descender la claridad,
un obstinado recuerdo,
de cuanto fui y amé en realidad,
meditabundo me pierdo.
¡Yo amo la inspiración celeste y pura.
que por ti va coronada,
que derramas en los versos la hermosura.
Reflejo de tu olímpica mirada!
Es tu raudal de frases gloriosas,
corrientes siempre nuevas,
rodando serenas o tempestuosas,
el sonido del alma llevas.
Y cuando lea el mundo mi escrito,
o del mundo me ausente,
oirán en ti el rumor de lo infinito
y brillará la eternidad sobre mi frente.
J. Plou







