domingo, 11 de enero de 2026

MACHISMO


Para sanar la herida hay que mirar profundo,
no al golpe aislado sino a un no rotundo,
a las raíces antiguas  que, calladas, crecen;
ideas que con el tiempo no desaparecen.

No es el hecho puntual lo que explica el dolor,
es la sombra del machismo, con su horror,
una ideología aprendida, vestida de norma,
que hiere a la mujer, la somete y deforma.

No caerá sola esa estructura ancestral,
pues se sostiene en lo social, en lo cultural,
y exige de todos: estado, iglesia, asociación,
una voz unida sembrando educación.

Que nadie es más por su género o nombre,
ni superior por ser mujer u hombre,
que el respeto es la base, la igualdad el camino,
y la prevención, el destino.

Las leyes alivian, contienen el daño,
pero no transforman el fondo humano
si no cambia la mente, si no nace conciencia,
toda norma será solo apariencia.

Educar desde el origen, desde la infancia temprana,
es romper la cadena que el odio hermana,
para que un día el respeto sea natural
y el machismo, un recuerdo del mal.

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