lunes, 17 de noviembre de 2025

BAJO LA LUZ DEL ANOCHECER


¿Acaso el aire ha vuelto a anunciar lluvia,
y por eso ha oscurecido nuestra habitación?
¡No! El aire es claro como el cristal,
tranquilo, como pocas veces en este raro otoño.
Se ha hecho tarde, un instante que se escapa,
solo las ventanas de enfrente sonríen,
con su brillo tenue, en el ocaso de la luz,
mientras el cielo se viste de humo dorado.
En una hora será una noche maravillosa,
pues nada hay más bello que este color
que se marchita lentamente,
sutilmente ensombrecido,
como las sombras que brotan del suelo,
arrastrándonos hacia el sueño,
hacia sus misteriosas tinieblas.
Cuando estamos uno frente al otro, sin palabras,
es en esta hora, donde los rostros se transforman,
más viejos, más extraños, más lejanos,
como si cada mirada fuera un descubrimiento.
Pero tú, ahora, no quieres el silencio,
pues en él el tictac del reloj,
rompe el tiempo en mil fragmentos,
y la respiración suena, como una enfermedad.
Me pides que te cuente algo,
y accedo con gusto;
mas no de mí, pues ya lo sabes todo,
después de cinco décadas juntos.
Voy a contarte una historia en esta hora,
donde solo reina el silencio,
deseando que tenga la calidez
de esta luz blanda del anochecer,
que flota, velando nuestras ventanas.
Recuerdo aquella noche, aquí sentado,
leyendo un libro,
hasta que el sueño me envolvió suavemente.
De pronto vi personajes deslizándose,
recorriendo las paredes,
sus palabras danzaban en el aire,
sus vidas contadas en un susurro.
Al seguirlos con la mirada, desperté,
el libro yacía a mis pies,
y busqué su historia entre las páginas,
pero ya no estaban.
Tal vez las había leído en otro sitio,
o jamás existieron.
Quizás fue un sueño,
una historia con nubes multicolores
que llegaron de lejanas tierras,
robando la lluvia que nos había deprimido,
o tal vez una antigua canción,
cantada por voces olvidadas.
¡No lo sé!
Historias así vagan en mi memoria,
haciéndome correr tras ellas,
sin retenerlas,
soñando desde imágenes bruscas y coloridas,
hasta finales suaves, sin tocarlas nunca,
solo dejando que la luz del anochecer
guarde los secretos de nuestro tiempo.

J. Plou 

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