
Contigo vive un alma infantil todavía,
alma intacta que al tiempo se resiste,
y en mí respira, y vuelve, y se reviste
del aire alegre por el cual yo pagaría.
Contigo el ceño breve se me adhiere,
el llanto sin dolor que nunca existe,
sueños de luz, mañanas donde insiste
esa risa joven que jamás me hiere.
Beber de la niñez es dulce fuente,
saciar la sed primera, clara y pura,
seguir tus pasos, fiel y transparente.
Y así revivo, sin tomar ventura,
con un amor que pueda sorprenderte,
como ama una madre al hijo con ternura.
J. Plou
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