
Rayos de luz se enredan en mi cuerpo,
y sufro en el silencio, acorralado,
con rostro soñador, casi apagado,
como un domingo tibio y casi muerto.
Me abandono al júbilo desierto
de existir, por el dolor iluminado;
surgen noches de estío del pasado,
fantasmas del ayer que no he resuelto.
Mas grito con rabia por el olvido,
un sentimiento que tiembla en la memoria,
ocultando el tiempo ya vivido.
Y hoy, esos recuerdos en verdad,
están al borde mismo del vacío
y la memoria quebrada por la edad.
J. Plou
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