En la vereda de sueños olvidados,
se erigen muros que el sol ha tocado,
construcciones frías, y sin compasión,
que ciegan caminos, que tapan la razón.
Un escalón cruel se alza en el paso,
un umbral que excluye, un hondo fracaso.
Las puertas selladas de un mundo ansioso,
olvidan que todos merecen un gozo.
Bancos altos, senderos quebrados,
los ecos de risa no son bienvenidos.
La rampa ausente, el letrero oculto,
dibujan un mapa donde todo es tumulto.
Personas con sueños, miradas perdidas,
buscando su sitio entre sombras e heridas.
Las manos extendidas, los corazones,
claman por espacios que rompan prisiones.
Que el ladrillo hable de inclusión sincera,
un puente que une, una voz verdadera.
Que cada rincón sea hogar y abrazo,
donde no haya barreras, solo amor en la plaza.
Así, juntos soñemos un mundo más justo,
un lugar donde cada camino sea nuestro,
donde las estructuras sean alas ligeras,
y en lugar de muros, florezcan quimeras.
J. Plou
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