En Madrid, la brisa se tornó en gritos,
bajo un cielo teñido de ansias y miedo,
el pueblo se alzó sin seguir ningún credo,
en un estallido, con pasos fortuitos.
El eco de la lucha resonó en las avenidas,
las clases populares, como torrente después,
desafiaron la sombra del ejército francés,
con sangre y coraje, con muertes y heridas.
Francia ocupante, fuerza sombría,
Joaquín Murat trazó su siniestra orden,
un decreto cruel, para parar el desorden,
anunció el castigo, la sutil agonía.
“Arcabuceados”, gritó la voz del tirano,
con puño de hierro, su ambición ciega,
pero el espíritu libre jamás se despliega
ante el yugo que ahoga el ser humano.
En las calles, los hombres y mujeres valientes,
con bravura encendida, lucharon unidos,
aunque el sol del alba vio sueños heridos,
su legado es eterno y sus actos latentes.
Hoy recordamos ese ardiente despertar,
la llama que nunca se pudo apagar,
pueblo que resiste y se atreve a soñar,
unidos en memoria, listos para luchar.
J. Plou
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