
Es la vida, corta como un momento.
Sólo es un vago aleteo o un latido.
Un susurro que corre como el viento.
Y todo el tiempo que he vivido.
Noto mis pulsos más allá de mí mismo.
Siento el eco de mis latidos y de mis actos.
Proyecto mi vida con un nuevo heroísmo,
por rutas indecibles y caminos exactos.
En la luminosa penumbra de mi sueño,
veo su cara tan pálida y hermosa,
como ternísima rosa de su cuerpo pequeño,
llenando esa penumbra del sueño luminosa.
Yo, la veo en mi sueño, intuyo su presencia,
mas ella al lado intento tocarla pero no acierto.
La adivino con un gesto de leve indiferencia,
dulcemente cansado, vagamente despierto.
La adivino en la sombra azulada de sus ojos,
que se agranda y hermosea de un brillo fugitivo.
Con una breve caricia en sus labios rojos,
noto el delgado aliento por el cual yo vivo.
El río de mi vida está llegando a tu mar,
para ser esa dulce gota de una existencia,
que desde el silencioso recinto pueda llegar,
con este emocionado periplo con paciencia.
J. Plou
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