
Arde aún y es espléndido el calor
de aquel fuego. ¿Recuerdas esas tardes,
el trino de los pájaros; la tierna velada
bajo un cielo azul como tus ojos?
nos quemaba entonces.
Nosotros, qué podíamos hacer
sino aceptar ese placentero incendio,
unos besos y su éxtasis, fundidos
en un mismo sentir inexplicable.
Continúa aún ese mágico vivir:
ya sólo quiero envejecer contigo.
J. Plou
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