
Como en aquel día, nuestro día
volvamos al goce estéril...
tú tienes,¡oh carne mía!,
toda la melodía del instante
en la blancura de tu semblante.
Déjame que circule
en tu frente con mis besos.
El amor en mi sangre se hace llamaradas.
Mis sienes de ansiedad circundadas.
En mi huerto se abren las granadas.
relucen los luceros, se reunen las hadas
y yo quiero volar a cumbres nunca halladas.
Pero mi ardor interno antes fue melancolía.
Todo el humano impulso lo decíde el día,
burbuja de ilusión, burbuja vana
en que flotas,¡oh carne mía!
y que es ahora y no será mañana...
Recuerdo vagamente, como en sueños
se evoca a veces un antiguo ensueño.
Bajo el ala de luz del alba pura
que anuncia el parto místico del día,
tu mano azúlea, de viril factura,
guiaba el carro en la extensión madura
del valle que en Octubre descendía.
Sobre rejas, la abuela y el abuelo,
fértil y matinal, nos contaron un día:
la besa él con rubor y con anhelo.
Rubor de amor, ¡oh poema de la vida!
Como el rumor del mar en la caracola,
que cuaje en el poema aquel rumor:
¡sea un lamento
que lleve el viento
mi temblor y mi amor!
Como en aquel día, nuestro día,
volvamos al goce estéril...
tú tienes,¡oh carne mía!,
toda la melodía del instante
en la blancura de tu semblante.te.
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