En la vasta oscuridad, un eco resplandece,
la Luna, fiel testigo de corazones errantes.
Ella no es sólo luz en el abismo celeste,
sino susurro del alma, con acordes vibrantes.
¿Por qué, oh Conciencia, aceptaste su danza,
su aparición y desaparición en el cielo?
Una esfera de sueños, un reflejo de esperanza,
te integraste en el universo, envuelta en anhelo.
En cada cambio de fase, te aferras al ser,
buscando en esos cambios tu propia esencia.
Desapareces,sin identidad, en el amanecer,
En la noche trae paz y calma tu presencia.
La Luna es un poema que la noche recita,
un canto a lo eterno en un mundo fugaz.
Podrías negarla, en sombra infinita.
Pero su luz es consuelo, su brillo, paz.
Los ciclos de su viaje, melodías del momento,
trazan líneas de vida en el lienzo del cielo.
Cada luna llena es un verso, en movimiento,
un acto de aceptación, un pacto sin duelo.
Entre las estrellas, se siente más viva,
la conciencia a la Luna entrega su amor,
en su forma cambiante, la memoria aviva,
y en su danza eterna, reposa el dolor.
Por cada lágrima vertida, un nuevo amanecer,
la poesía con sentido, alimenta el corazón.
La Luna permanece, siempre ha de volver,
como símbolo eterno de nuestra razón.
J. Plou
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