
Olas que multiformes y turbulentas
entre las rigideces del acantilado,
con nostálgico vértigo de tormentas,
chocan en sonoro tropel moderado.
Olas de claridades hondas y quietas,
olas, que sin fuerza, la pared baña;
olas, todo belleza, para anacoretas,
que viven en la montaña.
Olas, bochorno de mis entrañas.
Mujer, acabaste con la soledad
de mis ojos, resecos, con legañas,
por la aridez desolada de mi edad.
Mujer nadie me ha besado como tú besas
y tus caricias turban como tus promesas.
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