
La Voz Devaluada
Hoy, sin embargo, el siglo se apresura,
ya nadie envía cartas al olvido;
se escribe como se habla, sin sentido,
rompiendo la profunda arquitectura.
No es una nueva moda del presente,
es mal gusto, es falta de cultura;
un eco de ignorancia que fractura
el arte de expresarse claramente.
Asombra ver que en la nación hispana,
con las aulas repletas hace años,
tropecemos de nuevo en los peldaños
de la misma ceguera del pasado.
Hay tantos que no saben del lenguaje,
tantos como en el siglo que se ha ido;
el analfabetismo camuflado
en un pueblo que dice haber leído.
Retienes el aliento y la palabra,
la mides en la palma de la mente;
su peso exacto buscas, firmemente,
antes que el blanco del papel la abra.
Escribir es suelta lenta y precisa,
colocar cada gema en su destino,
librar al verbo de su vano orgullo
y limpiar el exceso del camino.
Pulida la palabra en el silencio,
brilla como el diamante en la mirada;
es labor que se hace en voz muy baja,
como una confidencia susurrada.
Porque el autor no puede en el acento
decir la verdad pura que sostiene:
la verdad del que escribe no se habla,
se plasma en el papel que la contiene.
J. Plou
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