domingo, 14 de junio de 2026

MALTRATO AL ANCIANO


En las arrugas de un rostro cansado

se esconde el eco de un grito callado.

Aquellos que ayer nos dieron la vida,

hoy sufren la pena de una herida oculta,

infligida en casa, de forma maldita,

por la propia sangre que los culpa.

El maltrato crece en la sombra del hogar,

donde el respeto debiera habitar.

Ya no es solo el golpe que deja una marca,

es la ley del hielo, la frase amarga;

un daño psicológico, sutil, invisible,

que rompe el alma de forma terrible.

Hay manos que explotan su tierno desvelo,

esclavos modernos bajo su propio techo.

Y cuando los ven como un vil estorbo,

los echan al olvido, de un solo sorbo.

El abandono pues la gente se olvida,

de quien les cuidó y dió la vida.

O los confinan tras frías paredes,

en asilos donde se tejen más redes

de un trato cruel por falsos cuidadores,

lejos del cariño de sus viejos hogares.

Falta humanidad en este presente,

que margina al anciano y lo hace ausente.

Son almas vulnerables en cuerpo y en mente,

que hoy nos necesitan de forma urgente.

No releguemos al sabio, al abuelo,

que su fragilidad hoy nos pide consuelo.

Cambiemos la huella de la indiferencia

por una caricia, por amor y paciencia;

devolvamos el brillo a sus ojos cansados

con el tierno abrazo de sabernos amados. 

J. Plou



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