Ojalá lloviera y la mugre
de los rincones fuera arrastrada,
que las mentes opacas de la ignorancia,
acabaran por reciclarse.
Ojalá lloviera y una riada
se llevara odios envidias
y palabras venenosas al pantano;
que no nos dejara, al esparcirse,
más que migas y costrones hirientes.
Pero porque no llueve,
con los salmos que entonamos,
me agarro aún más y me duele,
se me producen dolores de rabia
en todas las articulaciones.
J. Plou

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