
Vienes con el súbito resplandor de un hada madrina.
Estoy aguardando que se detenga el mundo.
Los músculos se me endurecen de tanto sostenerme.
La arena del reloj, se nos va terminando.
Aún sigo con mis poemas, me gusta que los leas.
Permíteme ahora que bese tu frente,
con el fin de que cumpla este ciclo de fuego
y la calentura que me rasa en los dedos.
Cuando te beso se llena de tu perfume el aire,
noto tu candidez como el libro de mis poemas,
tus labios son como fuentes de perfección.
J. Plou
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