
Cuando el miedo aprieta y tiembla el suelo,
y en la noche oscura la tierra grita,
miramos al cielo para que no repita,
buscando en las estrellas un consuelo.
El corazón se agita en duelo,
la tragedia llega y todo limita,
las manos vacías, la esperanza marchita,
el alma temblorosa sueña con anhelo.
Más en esa mirada hacia lo alto,
surge una luz tenue y serena,
que calma el temor y el quebranto.
Y aunque la tormenta parezca ajena,
el espíritu firme hace su salto,
renace fuerte en plena escena.
J. Plou
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