domingo, 6 de septiembre de 2026

LA CARPETA DE LOS ABSURDOS



Me siento en el balcón, ya de noche,
con mi portátil abierto sobre la mesa,
más de mil euros de tecnología
para escribir lo que mi mente piensa.

Tengo siempre algo que decir,
aunque a veces no sé exactamente qué;
entonces dejo que las palabras
salten solas sobre el teclado y después veré.

Escribo palabras al azar,
unas detrás de otras, sin medida,
procurando que suenen elocuentes,
que tengan algún sentido en esta vida.

Una frase llama a otra,
un verso aparece de repente,
y entre borradores y ocurrencias
voy persiguiendo una idea lentamente.

Porque un poema no nace hecho,
ni llega vestido de gala a la ventana;
se construye con palabras rebeldes
que unas veces vuelan y otras se desgana.

Y si la inspiración se queda ausente,
si el verso no consigue emocionar,
si lo escrito parece una locura
que ni yo mismo consigo interpretar,

no importa, no voy a lamentarlo,
ni tiraré el portátil por el balcón;
lo guardaré, con paciencia y esperanza,
en la carpeta de los «absurdos» del ordenador.

Y allí quedará, tranquilamente,
esperando quizá otra ocasión,
porque hasta el verso más disparatado
puede convertirse mañana en canción.

Así paso mis noches en el balcón,
entre silencios, estrellas y teclado;
con un portátil de más de mil euros
y un poeta que aún no se ha jubilado.

Y mientras haya algo que decir,
aunque sea una palabra sin sentido,
seguiré escribiendo mis poemas…
por si acaso algún absurdo
termina siendo un verso bonito.

J. Plou

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