
El aire es frío y gélido
en este sombrío día de diciembre,
el mar gris solloza y se agita
más allá del rompeolas.
El grito salvaje y discordante
de las gaviotas en vuelo,
nos da oportuna advertencia
de la tormenta que traerá la noche.
Los surcos recién removidos
se tiñen de negro con los hambrientos cuervos;
en los árboles sin hojas, los petirrojos,
se posan tiritando en las ramas.
Y el viento en el solitario pinar
agita los árboles con un gemido lúgubre:
un canto fúnebre por el verano que pasó
y por el año que está a punto de terminar.
Pues el triste y viejo año agoniza
en el aire frío de diciembre;
me detengo a mi pesar,
se oye una breve canción.
¡Oh, pienso en lo que el año que se lleva,
cargado de penas y afanes!
De votos y promesas incumplidas,
de las cuales todos hemos sido partícipes.
El triste y viejo año agoniza
y el nuevo llega ya;
que los hombres vean la belleza
del amor al prójimo.
Disipen las nieblas y las sombras,
las rencillas y la amarga discordia
y muestren a los hijos de la tierra,
una vida nueva y más humana.
J. Plou
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