jueves, 28 de mayo de 2026

El blanco Corcel del Sueño




Crujen los leños resinosos en el hogar,

deshaciéndose en brillantes llamaradas,

un racimo de chispas danza al azar,

mientras mi mente sueña, ensimismada.


Busco en aquellas lenguas de fuego vivas,

que se dilatan y encogen con temblor,

las viejas historias, dulces y cautivas,

que mi abuela contaba al abrigo del calor.


Hablaban de un príncipe, de amor prendado,

y de una pastorcita de gracia adorable,

cumpliendo su idilio en un mundo nevado,

bajo un manto blanco, puro e inmutable.


A lo lejos se apaga un rumor de colmena:

los hombres del pueblo, tiritando de frío,

regresan cansados de la diaria faena,

ante la diosa del hambre y su invierno sombrío.


Mas mi mente cabalga, ajena al desvelo,

en el blanco corcel de los sueños dorados,

ese que un gran poeta nombrara en su vuelo,

para cruzar mil países encantados.


Allí donde el arroyo murmura su canto

como el eco desvanecido de un tierno idilio,

y la brisa en las ramas, con suave quebranto,

trae un estallido de besos en exilio.


El aroma de las flores evoca en el alma

la memoria de un perfume ya conocido,

y una risueña imagen, en dulce calma,

me devuelve el reflejo de lo que ha sido.


En sus ojos palpitan promesas eternas,

en sus labios se hospeda una última caricia...

promesas de amor que en el fondo gobiernas,

tiempos del pasado llenos de delicia.


Pero la fantasía, de pronto asustada,

se repliega sobre sí misma con premura;

la realidad frena la veloz carrera alada

y el blanco corcel me devuelve a la cordura.

J. Plou

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