
Golpe certero y cobarde por la espalda,
un empujón que a la mujer la desmorona,
cayó de bruces, se partió la cara,
actuó con una agresividad que impresiona.
Defendía la educación, el futuro,
la escuela pública de su región,
y recibió el asfalto frío y duro
por la bajeza de un malvado empujón.
Estampada en el suelo con violencia,
tabique roto y puntos de sutura,
empujó a una exmaestra de Valencia,
la fuerza bruta de una mano oscura.
Aquel que debe custodiar la calma,
velar por los derechos de la gente,
perdió el honor del uniforme y el alma,
actuando como un vil delincuente.
No pertenece al cuerpo ni a la Ley
quien con vileza el orden amordaza;
no hay uniforme, presidente o rey
que justifique el golpe que amenaza.
Queda la herida en el rostro grabada,
pero la dignidad sigue de pie:
la educación no será silenciada
mientras la clase sostenga su fe.
J. Plou
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