
No basta con mirar la mala acción,
ni el golpe que duele y atormenta,
si no se mira cual es la razón
que siglo tras siglo nos violenta.
No es el azar, ni la moda del momento,
lo que fractura el alma y el hogar;
detrás del daño habita una semilla:
la vieja idea de querer dominar.
Es la raíz del mito y la costumbre,
la ideología gris que al hombre viste,
que le hace creer que el otro le pertenece
y en ese engaño, la lacra subsiste.
No curarán las leyes el quebranto
si el pensamiento sigue en el ayer;
ninguna norma cambiará la historia
si no empezamos todos a entender.
Que se unan los estados, las iglesias,
las manos del común, la voz social,
para educar la mente desde el alba
en el respeto puro e igualitario.
Que no hay un ser humano por encima,
ni un sexo que al otro deba someter;
la prevención es el único camino
donde el mañana empiece a florecer.
Cambiemos la conciencia y el programa,
la escuela, el aula, el aula de la vida,
para borrar el odio de las aulas
y sanar de una vez la vieja herida.
Que solo el cambio de la mente humana,
sembrado con paciencia y con valor,
podrá arrancar de cuajo el machismo
y devolvernos la paz y el honor.
J. Plou
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