viernes, 12 de junio de 2026

Tierra, mi dulce objeto



¡Oh! Tierra, mi dulce objeto de frenesí, 

mi corazón late ebrio de gozo por ti. 

He escalado la gran montaña en este día 

y desde el Cielo mi vista cae con alegría.


La Tierra y el Sol son la misma patria dorada, 

pero en tu suelo mi alma queda extasiada, 

Desciende Tierra, con tus nieves puras y frías, 

crece con tus vientos en salvajes melodías.


¡Que los torrentes se despeñen sin calma, 

que ese río desborde e inunde mi alma! 

Que yo escuche en mi pecho el latido profundo, 

el canto augusto de las aguas del mundo.


Frente a la inmensidad extiendo los brazos, 

buscando estrecharte en eternos lazos. 

Mis manos acarician el horizonte suave y ágil, 

donde oscila el tapiz de los sembrados, tan frágil.


Es una onda pálida bajo el cielo azul que brilla 

y la misma caricia en mí se vuelve sencilla, 

musical y vibrante, recorriendo mi ser, 

viendo la Tierra noto mis sentidos florecer.


En tu aire cristalino se destacan aldeas a lo lejos, 

techos rojos que del sol reciben reflejos; 

¡notas claras que en los valles se visten de flores, 

bajo la sombra de los árboles y sus verdes colores!


Y los campanarios de pizarras, al sol del mediodía, 

destellan con una extraña y hermosa poesía: 

tienen el reflejo cambiante, sutil y radiante, 

de las gargantas de las tórtolas en vuelo constante. 

J. Plou

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