
Esta mañana observo el movimiento
de las hojas,
los primeros rostros que marchan
al trabajo;
miro lo impreciso de cuanto existe ajeno
y nos rodea,
y a su manera nos define como
ajenos también.
Tan sólo el ocio frágil de la
imaginación,
puede asociar un día tantos datos
dispersos
y construir, sobre el caótico montón
de residuos,
un simulacro de saber.
Me cegó el énfasis soberbio de inventar
historias,
de otorgar sentido a todo. No supe ver
sino la luz,
o, cuanto más, lo iluminado.
Nunca me detuve a sentir o ver
en tus ojos,
tu cotidiana sensación de estar,
que nada recibes y lo das todo,
como un don.
Somos uno tuvimos piedad
de nuestros pájaros,
del solitario pato, del jardín
deshabitado.
El día viene ahora hasta nosotros como
presencia sólida,
y el aire que me azota dice que en el silencio
oscuro de mis pasos,
hoy caminamos los dos,
apoyándome en ti.
J. Plou
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