
En tierras de olivo y arena dorada,
donde el sol besa la antigua alborada,
vive un pueblo con alma marcada,
por la sombra cruel de una historia callada.
Palestina, madre de sueños y dolor,
tu canto resuena en cada rincón,
pero la injusticia, con frío ardor,
arrastra tu espíritu, roba tu canción.
Mueren los niños bajo cielos de fuego,
y el mundo observa sin levantar su juego,
mientras se pisotea el sagrado apego
de un pueblo que lucha, firme y sin ruego.
Muros que dividen la esperanza y la paz,
fronteras de odio que no quieren más,
pero la semilla de libertad tenaz,
germina en el alma, jamás se dejará.
Por cada lágrima, por cada hermano,
por la justicia que clama el llano,
que florezca algún día el mismo verano
donde reine el amor sobre este suelo humano.
Que cese la opresión, que vuelva la verdad,
que el pueblo palestino encuentre dignidad,
porque en la justicia está la humanidad,
y en la libertad, nuestra igualdad.
J. Plou
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