
Cuando estaba esperándote,
como cada noche suele pasar,
me duermo, y al descansar,
oigo una voz llamándote.
Una voz triste y larga,
apenas susurrante,
como una risa amarga,
como un eco distante.
Que no puede callarse,
que nadie oyó jamás
y si se acerca más,
más parece alejarse.
La voz de un viento,
que se esconde
y me corta el aliento.
Una voz que si le hablo,
no quiere hablarme.
Y se marcha como el diablo.
J. Plou
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