La Dulce Senda de la Primavera
Por la pequeña senda el agua avanza,
el arroyo cercano corre y canta,
el sol con sus destellos lanza
lentejuelas de luz que el río aguanta.
Los peces se deslizan con presteza,
bajos las olas de cristal vibrante,
mientras los setos mudan su corteza
con el verdor de un mayo de diamante.
Desde el fondo frondoso de las hojas,
vuelan los viejos pájaros al viento;
ya no quedan tristezas ni congojas,
solo un silbo de juego y movimiento.
Bajo el sol de la mañana radiante,
el monte de las plantas resplandece
y un cielo azul, eterno y elegante,
con su manto sagrado lo guarece.
El ruiseñor ya teje su morada,
y el moscardón al matorral le gira,
¡qué suave primavera despertada!,
¡qué hermoso está el bosque si se mira!
Levanta la margarita su tesoro,
sus capullos con gracia y con destreza,
abriendo al aire las flores de oro
que coronan la verde naturaleza.
Aquí corre un escarabajo inquieto,
allá descansa una brillante mosca,
que sobre el verde y el azul secreto
de una hoja, sus alas desenrosca.
En este breve espacio de la tierra,
donde el milagro de la vida anida,
toda la primavera se encierra
en una dulce senda bendecida.
J. Plou
No hay comentarios:
Publicar un comentario