
Tu naciste como el sol de la mañana,
sobre un rosal de flores gentiles,
el signo Aries, te otorgó tez humana
y traías los ojos azules e infantiles.
Todo en ti era natural y magnífico,
como una verdadera reina te movías,
todo en ti, era sincero y prolífico,
como la rosa y la azucena parecías.
Se apoderaron de mi alma tus azules ojos
y fuí tuyo, me arrancáste besos y caricias,
con tus carnosos y húmedos labios rojos.
Y se abrieron los cristales del rocío,
cuando prometimos amarnos para siempre,
bajo un luminoso cielo de estío.
J. Plou
No hay comentarios:
Publicar un comentario