
¿Qué has vertido en mi alma pura?
no es placer, ni dolor, ni poesía;
una gorjeante fuente de ternura,
con tanto amor, y melancolía.
Felicidad que de tus ojos fluye
y en mi alma romántica se refleja:
un ala de quimera cuando huye,
un rayo de sol cuando despeja.
Si está en tu mano ser buena,
arranca esa maleza de dolor,
y que surja la dicha de la pena
como una mariposa de una flor.
Haz que tus raices florezcan,
es una gracia de jardín precioso,
margaritas y rosas crezcan,
en ese tu corazón maravilloso.
Tu corazón no sabía que vivías,
entre rosas con pétalos rojos.
Estabas en tinieblas. No sabías
todo el poder de tus divinos ojos.
Abre el alma al amor, porque mañana
será muy tarde; y estarás arrepentida
y habrás visto pasar, con sombra vana,
lo único bueno y dulce de la vida.
J. Plou
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