
Me despierto en una cama que no conozco,
porque la bruma envuelve su forma,
una sombra se me hace familiar,
y me llama con un nombre que me suena,
como un eco que atraviesa el silencio.
No pregunto, cuando pregunto lloran,
el llanto se apodera del aire
y duele más su tristeza,
que el vacío que inunda mi ser.
Todos los días son espejos,
reflejos de una vida desdibujada:
una silla que aguarda pacientemente,
una ventana que mira al mundo,
un reloj que, testarudo,
marca horas que ya no sé contar.
A veces, susurran historias
de un yo que parece lejano,
historias de risas, de amores,
de sueños que danzaban en la luz
y ahora, se desvanecen en la penumbra.
Soy un viajero en mi propia piel,
navegando mares de recuerdos perdidos,
habitando un cuerpo que siente,
aunque su memoria se encuentre marchita,
y en cada amanecer,
buscando aquel rincón
donde el olvido no tenga poder.
J. Plou
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