
La llanura se vuelve risueña,
al soplo de un aliento de amor
y rompe en hervor y sueña,
en grandiosas praderas en flor.
EL almendro y el cerezo floridos
ante el amoroso beso de abril
y llenos de pájaros y nidos;
en el campo con un sol gentil.
El campesino en la verde campiña,
con los bueyes cansados de arar;
y sobre una cepa de la viña,
un ave que empieza a cantar.
El campo en el tiempo de frío
apura su copa de hiel,
y sueña un paisaje de estío
como un vergel.
J. Plou
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