
Desde dos mil nueve,
aprendí nuevos nombres,
casos archivados,
documentos retenidos.
Veinte, quizá veintidós
(los números van cambiando)
personas ligadas a tramas
dejaron preguntas al viento.
Gürtel, Púnica, Taula,
las Tarjetas Black sobre la mesa;
papeles, jueces, declaraciones
y una verdad que nunca llega.
Unos partieron por accidente,
otros por la enfermedad;
hubo silencios definitivos,
voces que no se pudieron escuchar.
Y cuando se acercaba el juicio,
cuando temblaba una declaración,
el calendario parecía más oscuro
y crecía la desesperación.
No afirma el poema culpables,
ni convierte el rumor en razón:
solo recoge el eco persistente
buscando una explicación.
Porque cada muerte deja un hueco,
cada expediente, una pregunta;
y en los márgenes de la historia
la duda permanece, terca y profunda.
Que hablen los hechos, los archivos,
la justicia, sin prisa ni temor;
que ninguna sombra sea sentencia
ni ningún silencio, absolución.
Y mientras las cifras se pierden
entre fechas, nombres y versiones,
España escucha, todavía,
el goteo lento de más muertes.
J. Plou
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