martes, 13 de octubre de 2026

LA PARCELA DEL AIRE


No quiero armas

dormidas en las manos de la patria,

ni cuchillos que aprendan

el idioma del miedo,

ni rifles apuntando

a la misma tierra que nos sostiene.


Quiero manos enormes,

manos capaces de arrancar fronteras

una a una,

como quien desprende espinas

del corazón del mundo.


Que no quede más límite

que el aire:

sin bandera,

sin dueño,

sin alambradas.


Que nadie guarde la tierra

como un traje encerrado en un armario,

ni la nombre propiedad

con letras de hierro.

Que todos puedan pisarla

como todos respiran,

con la misma necesidad,

con el mismo derecho.


Tomaría las guerras por la punta,

las sacaría del paisaje

como malas hierbas,

y dejaría los campos abiertos

para que regresen los niños,

los pájaros,

la lluvia.


Abriría la tierra para todos

como se abre una ventana,

como se ofrece el pan,

como se comparte el aire.


Porque el aire no es de nadie

y, sin embargo, nos pertenece a todos.


Cada pecho guarda una parcela,

cada vida, un espacio invisible.

Y mientras respiremos juntos,

que ningún muro diga

dónde termina el mundo

ni dónde empieza la libertad.

J. Plou

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