
Ha llegado el otoño antes de tiempo,
con su abrigo de niebla y hojas doradas;
el sol se despide, lento y sediento,
de las tardes aún tibias, recién comenzadas.
Hay un frío pequeño rondando la casa,
una lluvia que aprende a decir tu nombre,
y el viento, que en las ramas se abraza,
deja un rumor antiguo sobre el horizonte.
Prematuro otoño, ¿qué prisa te lleva?
¿Por qué apagas tan pronto la luz del verano?
Quizá traes contigo una dulce promesa:
que también lo que termina puede ser humano.
Y mientras la tarde se vuelve más breve,
guardo entre mis manos su último resplandor;
porque toda estación que temprano se muere
deja más honda la memoria de su calor.
J. Plou
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